20110917

Efecto traumático del divorcio (fluvium)

El divorcio de sus padres es para, los hijos de una familia, lo que el terremoto ha sido este año para la ciudad de Fukushima. Su primera noticia es para ellos tan devastadora como el temblor de las bases de la ciudad. Lo que los hijos, como habitantes de esa familia consideraban el lugar más amable y seguro en su vida, de modo casi instantáneo, sin voluntad suya, desaparece, provocándoles un enorme sufrimiento. Al temblor y destrucción inicial se suman, en un segundo tiempo, que viene casi seguido, la devastación total del tsunami, de modo que el hogar que lo fue hasta ayer, con papá y mamá como elementos esenciales del mismo, es sustituido por un desierto, un erial, porque eso es, afectivamente hablando desde la perspectiva del hijo menor, el resultado de la casa abandonada por uno de los progenitores y la evidencia de la ruptura entre ellos.

Además de estos efectos inmediatos, traumáticos, el terremoto del divorcio, como el de la ciudad japonesa, produce otro efecto a largo plazo de contaminación derivada de la central atómica dañada. Se trata de un efecto que se prolonga en el tiempo y convierte a la antes acogedora ciudad en lugar inhabitable, debido a la radiactividad. Este efecto mediato es el que podemos llamar efecto didáctico del divorcio. La desconfianza en el amor conyugal perdurable arraiga en los hijos de los divorciados y determina en gran manera la fragua de su personalidad.

Estos dos tipos de efectos requieren ser tratados separadamente, pues aunque inciden en los mismos sujetos, los hijos de familia, lo hacen en distinto estadio temporal y con diferentes efectos. Hoy nos ocuparemos del primero y dedicaremos el próximo artículo de leyes tóxicas al segundo.

Los psicólogos denominan a este profundo trauma psicoafectivo "proceso de duelo", que tiene distintas manifestaciones según la edad y características de los hijos y las circunstancias que se den en el divorcio de sus padres. No es lugar ni espacio adecuado éste para describir el proceso de duelo. Únicamente apuntar que es más grave en los más pequeños: en los niños de 3 a 6 años es tan inasumible para ellos, que suelen usar la fantasía para negar lo que está sucediendo e imaginar que sus padres se volverán a unir, a la par que manifiestan conductas regresivas (orinarse, succión del pulgar, hablar como un bebe etc). De los 6 a los 8 años: tristeza, muchas veces hasta la depresión, irritabilidad, miedo, manipulación de la situación para satisfacer caprichos etc.

Un agravante de este trauma es la hostilidad manifiesta de los padres y, dentro de ésta, la más perjudicial para el hijo, la que se concreta en el llamado S.A.P. Síndrome de alienación parental, cuando un progenitor utiliza su enorme influencia en el hijo para enfrentarle con el otro progenitor.

 

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