20081101

EL TRAJE DEL REY

Hace muchos años vivía un rey muy vanidoso. Siempre quería estar bien vestido y estrenaba un traje cada día, mientras que muchos de sus súbditos no tenían nada que ponerse.

La capital del reino era alegre, y mucha gente la visitaba. Un día llegaron dos bribones y charlatanes con la mala intención de engañar al rey. Decían que podían fabricar la tela más suave y delicada que se pudiera imaginar.

Esta prenda, añadieron, tenía además la especial capacidad de ser invisible para los estúpidos o incapaces para el cargo que desempeñaban.

Le presentaron al rey una muestra de tela, y aunque no vio nada, para no pasar por estúpido, exclamó que nunca había visto algo igual. Así opinaron también sus ministros, para que no fuera descubriera su incapacidad para el cargo.

En alarde de suficiencia, el rey ordenó que pagasen a estos engañadores y les dieran todo lo necesario para hacer la tela y confeccionarle un traje de tal elegancia y majestuosidad.

Los supuestos  sastres, hacían a que estaban tejiendo la tela; mientras, en palacio, todos los súbditos que veían el trabajo de los tejedores, hacían de la tela los mayores elogios.

Toda la ciudad había oído hablar del fabuloso traje que hacían para el rey, y estaban esperando poderlo ver, lo cual representaría que eran lo suficientemente inteligentes y preparados para desempeñar el cargo que ocupaban.

También deseaban comprobar si algunos de sus vecinos iba a ser lo suficiente necios como para no ver el traje elaborado con esta tela prodigiosa.

Los tejedores hacían a que trabajan, pedían hilos de seda, oro, plata, con lo cual acrecentaban sus ganancias, y mientras tanto, el rey y su corte fingían estaban tan encantados con la belleza y calidad de la tela, que condecoraron a los tejedores.

Después de muchos días de engaño, los estafadores dieron por terminado el traje, el cual el rey iba a lucir en un desfile por la ciudad, con toda pompa y ante todo el pueblo del reino.

El rey caminaba con gran orgullo, y todos admiraban su traje nuevo. En medio del desfile, sólo la voz inocente de un niño se atrevió a decir la verdad: "el rey está desnudo".

La gente empezó a cuchichear la frase hasta que toda la multitud gritó que el rey iba desnudo. Tuvo un inocente niño que levantar la voz, para que el engaño de los falsos tejedores y el ridículo del rey fueran descubiertos.

Este relato nos hace ver, como las masas pueden seguir una dirección equivocada por no estar abiertos a reconocer una verdad que es obvia.

Una inmensa mayoría puede estar muy equivocada. El camino ancho y transitado, no nos da más garantía. El fenómeno de masas, la sumisión a la mayoría, el precedente cultural, el corporativismo, son cadenas que atan y no dejan seguir la verdad.

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